Estrategias para la transición hacia el trabajo presencial

Por Lic. Vanesa Andrada

Ha pasado más de un año desde que comenzó la pandemia a nivel mundial.  Si bien todos los habitantes de este planeta hemos sufrido las consecuencias de su llegada, los recursos internos y externos disponibles marcaron una gran diferencia, que no es ajena a las empresas y las organizaciones.

Hace un par de meses, debido a la disminución de casos sostenido en el tiempo, varias organizaciones comenzaron a convocar a sus colaboradores a las oficinas. Y para sorpresa de muchos, las respuestas fueron diversas: desde una gran emoción, ansiedad y alegría… hasta miedo, incertidumbre y negación.

Las razones pueden ser múltiples y particulares, y excedería el propósito de este artículo analizar caso por caso. Pero hay un punto en común en estas respuestas: la capacidad de adaptarnos a los cambios que la realidad nos impone, más allá de que nos agraden o desagraden.

Descubriendo recursos personales: ¿flexibilidad o rigidez?

La pandemia ha sacado a la luz los recursos o la falta de ellos que tenemos los seres humanos cuando la vida cambia de rumbo, cuando los planes se truncan, cuando el juego cambia de reglas sin previo aviso.

Si eres una persona flexible, el cambio te afectará (porque eres humano) pero te repondrás rápidamente logrando hacer de la nueva realidad, tu realidad.

Sin embargo, si estás del otro lado del espectro, y la rigidez es tu rasgo dominante, quedarás atascado en la resistencia. En el medio de estos extremos, hay múltiples formas de sobrellevar o resistir al cambio: lo hacemos a diario, con situaciones minúsculas.

Y la vuelta a la normalidad  (ya sea nueva, vieja o reinventada) solo es una invitación a revisar si en este tiempo has trabajado tu flexibilidad, tu apertura mental y tu aceptación.

¿Cómo vas con eso? Volver a la oficina, luego de haber logrado adaptar toda tu rutina al home office puede ser abrumador. Pero en algún momento íbamos a tener que volver… o no. Quizá te hayas dado cuenta en este tiempo que tu sentido de vida corre por otro carril… (pero esto es tema para otro artículo).

Estrategias para acercarte a un modo más flexible frente a los cambios

Si estás más cerca de la rigidez, pero quieres conservar tu puesto de trabajo y tu empresa está ensayando la vuelta a la presencialidad, te dejo cinco pasos para comenzar a transitar ese camino.

  1. Explorá cuál es la emoción difícil que predomina: haz una pausa consciente, realiza varias respiraciones profundas de limpieza, luego lleva tu atención a las sensaciones físicas de la respiración. Una vez que te sientas en calma, conecta con la situación de volver a la oficina y revisá qué sensaciones surgen en el cuerpo, qué pensamientos acompañan y qué emoción predomina.
  1. Etiquetá la emoción: una vez que hayas descubierto cuál emoción predomina, nómbrala. Podés decirte a vos mismo: “Estoy sintiendo….”, “Esto que siento es…”, “Lo que siento es…”.
  1. Sentate con esa emoción y tomá un té, invitala a que te cuente qué tiene para decirte: no tienes que estar de acuerdo, no tiene que ser real, no tiene que ser útil… Solo dale lugar y espacio a la emoción y a su mensaje. Una vez que se sienta escuchada, disminuirá su intensidad y vos podrás volver a tomar el timón de tu vida.
  1. Fijate si está bajo tu control disminuir o eliminar alguno de los mensajes que la emoción te cuenta: podés revisar medidas de cuidado si te preocupa enfermarte; podés recordar que tendrás días en casa y días en la oficina, si la preocupación es perder tu comodidad; podés pensar pedir más tiempo si necesitás organizarte a nivel familiar…
  1. Reconocer lo que está fuera de tu esfera de control y soltar. Puede no agradarte la vuelta a la oficina porque descubrís que estás más cómodo en tu casa, pero esa decisión no depende de vos. Podés dejar de pelearte con esa decisión, podés encontrar puntos positivos a esta nueva experiencia. Una idea es escribirlos para reforzarlos y recordarlos.

La vida es movimiento constante. Reconocer y aceptar este principio nos dará mayor disponibilidad emocional para afrontar la realidad que nos toca.

Siempre se puede decidir otro camino, pero si no es momento vale la pena explorar cómo sería vivir sin resistirse constantemente.

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