¿Qué sentido tiene lo que estoy haciendo?

Por la Lic. Vanesa Andrada

Todos queremos ser felices y en versiones más simples: sentirnos menos estresados, disfrutar más de la vida, quizás sentirnos realizados al final del día. Muchos buscamos en propuestas rápidas y mágicas la solución: ese libro, esa nueva técnica, esa conferencia de un nuevo gurú o simplemente soñamos con ese trabajo genial, esa pareja que nos completará o ese viaje espectacular. Sin embargo, cuando lo conseguimos es frecuente que rápidamente nos decepcionemos y volvamos a sentir ese malestar.  Ese ruido, que si nos detenemos a escuchar atentamente viene de adentro… se origina en nuestra mente insatisfecha e inquieta.

Hoy no te voy hablar de técnicas para gestionar tu estrés o pasos para ser feliz en tu trabajo.  Hoy quiero hablar de algo más profundo, de algo que si exploramos con conciencia quizás sea la punta del ovillo de ese tesoro que la humanidad viene buscando hace millares de años: el propósito de nuestra vida. ¿Qué es realmente valioso para vos? ¿Cuáles son los valores que impulsan tus acciones? ¿Tiene sentido el conjunto de acciones que realizás diariamente?

La pandemia puso un freno al piloto automático y muchos, luego de procesar el shock inicial y digerir la nueva realidad, comenzaron lo que algunos estudiosos denominan la etapa del “despertar”.  Empezaron a revisar su vida, sus hábitos, sus haceres diarios, empezaron a escuchar sus cuerpos, sus malestares… y algunos quizás por primera vez cuestionaron su vida:

“No necesito trabajar 25 horas para sentirme realizado.”

“Quiero pasar más tiempo de calidad con mi familia.”

“Quiero tener tiempo libre para hacer eso que me hace sentir tan conectado.”

“No necesito embriagarme, asistir a todas las reuniones que me invitan, comprarme las últimas novedades tecnológicas.”

“Poco de lo que hago realmente me da bienestar.”

Estas son algunas de las frases que representan ese despertar. Y como verán son disruptivas, nos invitan a un cambio y los seres humanos no nos llevamos bien ni con los cambios ni con la incertidumbre. Sin embargo, algo se abrió… como si hubiésemos tomado la pastilla roja de Matrix.  Podemos cerrar los ojos, pero ya nada será igual.

Despertar es el primer paso, a veces el más importante de dar, pero de ninguna manera el único.  A este despertar tenemos que agregarle responsabilidad sobre nuestras decisiones y una brújula interior que nos guíe ¿Qué es realmente importante para mí? ¿Qué me motiva a hacer tal o cual cosa? Y de eso quiero hablarte hoy: de los valores que dan propósito a nuestra vida.

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) define los valores personales como las direcciones vitales, globales, elegidas, deseadas y construidas que deben guiar nuestras acciones. Dichos valores deben estar siempre presentes en forma de horizontes, como marcos del comportamiento.

Todos tenemos valores que nos guían, entonces ¿por qué surge la insatisfacción, la sensación de estar a la deriva o simplemente de no saber por qué razón hacemos lo que hacemos? Quizás no somos conscientes de lo que guía nuestra vida, o tenemos demasiado miedo de ir en esa dirección y por eso esquivamos el camino, o estamos usando una brújula errónea.

Hay una manera de clasificar los valores que puede ayudarte en esta exploración: están los valores mediocres y los valores sanos.

Los valores mediocres son fantasiosos, generalmente atentan contra la sociedad y no son inmediatos ni controlables. Vamos a un ejemplo: si mis acciones están guiadas por lograr popularidad en el ámbito donde me muevo, este valor es una gran fuente de sufrimiento ya que depende de lo que mi percepción defina sobre las acciones de otros, fomenta la competencia y de ninguna manera depende de nosotros controlar como nos perciben los demás.  ¿Alguno se siente identificado?

Los valores mediocres generalmente están dentro de estos grandes grupos: la búsqueda de placer, el éxito material, tener siempre la razón y mantenernos siempre positivos.  Ustedes estarán preguntando qué  tiene de malo querer ganar más o buscar sentirse bien todo el tiempo… La respuesta rápida es el nivel elevado de sufrimiento que genera tener estas brújulas en tu vida, porque algunas son consecuencia natural de una serie de acciones, pero no un objetivo final en sí.

Los valores sanos se destacan por ser realistas, contribuir al crecimiento de la sociedad y estar bajo la esfera de nuestro control. Vamos a un ejemplo: si mi vida está guiada por la honestidad, es algo que puedo medir a través de mis acciones. Las personas honestas generan vínculos estables y sólidos, y ser honesto es una decisión interna. Las personas honestas también sufren, pero afrontar dificultades desde esta óptica le aporta un nivel de significado que aumenta la resiliencia.

Algunos ejemplos de valores sanos: la compasión, la creatividad, la honestidad, la innovación, defender a otros, la curiosidad, la caridad, el aprendizaje, la belleza, el respeto, la no violencia.

TIPS para explorar qué brújula guía tus acciones

  1. Practicar momentos de conexión con tu ser interior: meditar, contemplar en silencio algún objeto, tener momentos diarios de silencio, hacer yoga o alguna caminata consciente.
  2. Usar tus emociones como valiosos informantes: ¿Qué situaciones te enojan? ¿Qué situaciones te dan temor? ¿Qué situaciones te frustran? ¿En qué situaciones te sentís en plenitud? Podés usar situaciones pasadas, para explorar qué te mueve en esta vida.
  3. Si descubrís que has tomado la mayor parte de tus decisiones guiado por un valor mediocre, podés empezar a explorar y ensayar otra dirección desde pequeños pasos.
  4. Si te sentís motivado a cambiar, pero no sabés cómo hacerlo siempre podés buscar ayuda profesional.

La vida implica siempre un problema a resolver. Si estás conectado con tus valores sanos es probable que tus problemas tengan un sentido y como consecuencia estarás transitando el camino de la felicidad.

NOTA: la clasificación de valores mediocres y valores sanos proviene del libro El sutil arte de que te importe un carajo de Mark Mason.

Foto: Dimitri K en Unplash

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