No está oscuro afuera…solo me olvide de sacarme mis lentes de sol

Por la Lic. Vanesa Andrada

¿Cómo están queridos lectores virtuales? Hoy no voy a desalentarlos sobre el uso de lentes de sol, aunque reconozco ser del grupo que les incomoda…

Esta vez vamos a abordar un tema complejo y polémico: no son las situaciones las que generan mi malestar sino las creencias o expectativas que tengo sobre aquello que voy viviendo. Seguramente la mayoría ha leído, escuchado o reproducido esta frase que despierta sentimientos encontrados siempre: “¿Pero acaso la falta de reconocimiento no es real? ¿Es solo un invento de mi mente? ¿El maltrato o destrato de mi jefe está solo en mi cabeza? ¿La falta de conexión con mi equipo o colaboradores solo es fruto de mis altas expectativas?”.  Serán algunas de las preguntas que me imagino empiezan a surgir mientras leen estas líneas.

Diversas corrientes psicológicas y filosóficas plantean una misma premisa: la gente no nos hace cosas, la gente hace cosas que impactan según nuestras experiencias pasadas.  Quizás la corriente que más ha profundizado sobre este concepto es la psicología transpersonal y su padre Carl Jung desde el concepto de sombra.  Aquellos aspectos no reconocidos quedan fuera del foco de la conciencia y pasan a formar nuestra sombra, que se refleja en cada situación que nos fastidia, incomoda, o genera malestar.  Pero, querido lector, no es tan simple y lineal: si me molesta que me griten es porque tengo un gritón en mi sombra (dicho sea de paso, a todos nos molesta que nos griten porque es una práctica muy desagradable y poco funcional). 

Vamos a intentar poner luz desde un ejemplo laboral. Ana tiene una personalidad perfeccionista para compensar su gran temor a equivocarse. Sufre un jefe que está constantemente marcándole lo que falta, lo que hay que modificar.  Ella lo vive como una pesadilla, al punto de replantearse la renuncia.  Veamos: ¿es el jefe un fastidioso? ¡Seguramente! Dejará de serlo cuando ella renuncie, lo más probable es que no… dado que el tema no es personal, aunque para Ana sí. Entonces, ¿cuál es la salida? ¿Aguantar? Y acá, entra en escena una palabrita muy usada pero poco comprendida… El tema es aceptar, Ana necesita aceptar que teme equivocarse y ese temor, por más que lo entierre bajo capas de perfeccionismo, sale a la luz frente a cualquier mínima crítica.  Aceptar que su jefe es incapaz de motivar desde la crítica constructiva.  Aceptar que esto en sí no cambiará. Aceptar para poder cambiar: puede trabajar su temor a equivocarse, flexibilizar sus creencias sobre las críticas, transformar su mirada con respecto a su jefe… o puede decidir renunciar.

Como verán, la aceptación no se parece en nada a la tolerancia o la resignación, ya que es el primer paso para cambiarPero solo podemos cambiar aquello que está en la esfera de nuestro control.

Volviendo a la metáfora del título de este breve artículo: no podemos manejar el día o la noche, pero sí podemos decidir qué hacer con nuestros lentes de sol.

Y esta es una invitación a salir del modelo pasivo de víctimas de las circunstancias para comprometernos con nuestra vida y la responsabilidad sobre cada acto que decido emprender.  Aun en las circunstancias más adversas, siempre cuento con la libertad de elegir cómo transitarla. Entonces… ¿se animarán a levantarse esas gafas oscuras?

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